Seducción, la herramienta clave

Embargar o cautivar el ánimo, engañar con arte y maña, persuadir suavemente… Son algunos de los términos usados por la Real Academia Española para explicar el verbo seducir. Personalmente no me convencen del todo estas definiciones, las veo algo incompletas para explicar un concepto que tiene la capacidad de calar en los sentimientos humanos de manera bestial, un concepto capaz de cambiar el acontecimiento de cualquier historia, incluso de aquellas que ya parecen escritas o designadas, capaz de crear oportunidades ante los objetivos más complejos o de hacer emerger el deseo desde la más completa indiferencia.

Qué decir de su peso cuando hacemos referencia al marketing o la publicidad… La seducción no sólo no puede faltar cuando hablamos de estas artes, sino que es el base intangible en la que deben apoyarse. Al final todo se resume a hacer sentir, a conseguir motivar, a generar conexiones emocionales… Y la seducción (siempre sana) es un transporte directo para conseguir estos puntos.

Realmente no creo que haya  mucha diferencia entre una seducción para fines personales, sociales o profesionales. Conquistar a una persona, a un auditorio durante tu ponencia o a los consumidores de la marca que te ha contratado para una campaña creativa, es básicamente idéntico. Cambia el decorado, pero los actores son los mismos. Destacaría cinco puntos cuando se trata de seducir, cinco puntos en los que yo creo y trato de aplicar, especialmente en mi faceta profesional. Son los siguientes:

*Sin complejos. Creértelo. No temer por el tamaño y dificultad del objetivo, tampoco porque otros más fuertes, más preparados o con mejor carta de presentación opten al mismo propósito. Habitualmente habrá mejores que nosotros sobre el papel y también un sin fin de señales que indiquen que no lo vamos a conseguir, si no logramos olvidarnos de ésto y centrarnos únicamente en el objetivo, la seducción se volverá una quimera. Es simplemente una cuestión de confianza en ti mismo y en tus posibilidades, la confianza te hace ser percibido distinto, cubre tus carencias y potencia tus virtudes.

*Sabe que existo. Trabaja la diferenciación. Hay muchas personas, muchas empresas… y muy a menudo nuestros objetivos coinciden, es necesario diferenciarse. El objetivo al que nos dirigimos debe sentir nuestro brillo, sentir que nuestra personalidad es sólida y genuina, que somos capaces de aportar vida a su mundo. Se podría decir que este punto consiste en transmitir e intimar con el receptor, sin que éste sepa realmente que así está siendo, hasta conseguir estar presente en la rutina de sus emociones.

*Paciencia. Todo llega en su momento. Me viene a la mente una frase de Bruce Lee en una entrevista, en la que hacía referencia al momento adecuado de atacar a su oponente, “yo no doy el golpe… el golpe se da solo”. Una vez que saben que existes y eres percibido por el objetivo como un nombre propio y destacado, toca avanzar en la relación, generar confianza, ganar complicidad… pero nunca pecar de exceso de  confianza o precipitar el ataque. La impaciencia y la precipitación son las peores guías posibles y además suelen tentar incesantemente.

*Ofensiva. El golpe se da solo, pero que sea un buen golpe. Cuando el momento de pasar a la acción llega, lo percibes, simplemente lo sabes. Te encuentras entonces antes uno de los momentos más clave del proceso, materializar. Si el objetivo es muy exigente o escurridizo, una acción equivocada o a destiempo puede suponer el fin de la aventura, lo que supone una gran frustración después de todo el empeño puesto en el camino. El golpe debe ir directo a las emociones, conviene que sea un movimiento poco común, que consiga coger por sorpresa a nuestro objetivo y permanecer durante mucho tiempo en su recuerdo, un movimiento que le confirme nuestra capacidad de marcar la diferencia y de crear ilusión a su alrededor.

*Mantenimiento. Toca equilibrar. La estrategia de seducción ha funcionado, estamos dentro. Podría parecer que es momento de bajar los brazos, nada más lejos de la realidad… Es ahora cuando empieza realmente la relación entre el objetivo alcanzado y tú, está todo por hacer y afianzar. Para que la relación sea larga y fructífera hay que seguir vivo y no caer en la autocomplacencia (suele ocurrir). Hay que seguir seduciendo de manera periódica y cuidar que la relación siga siendo toda una experiencia para la otra parte, ésta es la clave para mantenerse y alcanzar un buen equilibrio.

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