Cuéntame la historia

Se suele decir que todo es relativo, que la percepción es subjetiva o que la realidad no existe, especialmente cuando indagamos en el mundo de la física cuántica… No voy a entrar en teorías científicas profundas ni en el funcionamiento del mundo en micro escalas, no podría aunque quisiera. Voy a hablar del poder que tiene “contar la historia” para la construcción de nuestras realidades.Cuando oímos una buena historia nos sacude con fuerza, nos despierta. Las grandes historias son capaces de encender todas las velas de nuestra imaginación, de generar fantasías e ilusiones alrededor de cualquier cosa, lugar o momento aparentemente común. Las grandes historias prueban que nunca dejamos de ser niños, aunque creamos que si. Nos contaban en la infancia míticas historias sobre un tipo gordo con barba que entraba por la chimenea de todos los hogares del planeta, a la misma hora! para los que no teníamos chimenea no importaba, él se encargaba de instalarla artificialmente durante unos minutos, los minutos que tardaba en deslizarse y emparejar cuidadosamente nuestros regalos; o sobre un pequeño ratón familia de los Pérez, que acudía a nuestras habitaciones a hacer negocio, se llevaba dientes y dejaba obsequios, en que extraño negocio andaría metido… Estas historias nos creaban una sana excitación, creaban realidades en nuestra mente que hacían del mundo un lugar más mágico. Recuerdo estar despierto toda la noche, yendo y viniendo del salón a mi habitación constantemente para cazar “in fraganti” al famoso gordo de la barba, era pura adrenalina, tal vez el día más esperado del año…

Hoy, muchos años después, miramos atrás y pensamos que todo eso quedo allí en nuestra infancia, creemos que las historias fantasiosas ya no van con nosotros, nos hemos hecho mayores y claro, a los mayores no nos seducen las historias de la imaginación, no creemos en ellas, sabemos que son cuentos y los cuentos son cosa de niños, nosotros nos ocupamos de cosas serias, no tenemos tiempo para tonterías. NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD… Las buenas historias siguen teniendo mucho calado en nosotros, nos encantan porque seguimos manteniendo esa esencia infantil que se alimenta de ellas. Ya no son sobre tres reyes altruistas en camello o sobre ese tipo que mete en un saco a los niños más rebeldes. Ahora están disfrazadas, disfrazadas de tal forma que no nos damos cuenta de que son tan fantasiosas como las que creíamos hace décadas. Esta es la razón por la que el marketing y la publicidad crean tanta repercusión a su alrededor, porque cuentan historias, y las historias nos apasionan, nos conectan esa esencia tan primitiva que nunca perdemos. Continuar leyendo “Cuéntame la historia”

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Pasión en los ojos

Me voy a apoyar en dos pequeños relatos para contar el artículo de esta semana. Ambos ocurrieron recientemente:

Era un Martes por la mañana, andaba algo desmotivado, cada diseño que hacía me parecía incompleto, me generaba dudas… habría tirado y vuelto a hacer el trabajo un bucle infinito de veces, pero no lo hice. Cogí lo que tenía hecho y me marché al proveedor que se iba a encargar del trabajo. Les presenté y expliqué la idea, creo que al menos conseguí hacerlo sin transmitirles mis dudas y falta de convicción. Sorprendentemente para mí, les encantó (o eso pareció). Comenzaron a sugerir con cierta vehemencia y complicidad cosas que podrían mejorar el concepto, la situación se convirtió en un pequeño y animado debate alrededor de la idea. Lo hacían dándole vida a la situación, dándole importancia al momento y a la acción, con entusiasmo, con optimismo y determinación. Lo hacían con pasión. No pude evitar contagiarme, la dinámica entusiasta se apoderó de mí. De repente ahí estaba yo, hablando con la misma pasión sobre mi “gran” diseño, el mismo que veinte minutos antes parecía pedirme ser lanzado por el retrete. Nada del diseño había cambiado, pero yo lo percibía totalmente distinto. Donde antes veía dudas, ahora veía acierto; donde antes veía confusión, ahora veía claridad. Desmotivado? ya no lo estaba. La pasión con la que me habían agasajado, la pasión con la que se habían comunicado, había conseguido que me marchara de allí creyendo en mi trabajo. Y algo más importante, había conseguido enseñarme que puedes contar con las mejores ideas, con los mejores profesionales, los mejores métodos o herramientas, pero si no hay pasión… esos factores son totalmente estériles. Continuar leyendo “Pasión en los ojos”

El impacto de generar emociones

Las emociones… Puedes seguirlas, contradecirlas, aceptarlas, rechazarlas, afrontarlas, esconderlas… Puedes liberarlas, reprimirlas, guiarlas, confundirlas, recordarlas o olvidarlas… Pero hay algo que no puedes hacer, dejar de sentirlas. Somos seres emocionales, lo que supone que nuestras mayores motivaciones, anhelos o satisfacciones son provocadas en gran parte por estímulos que conectan con nuestras emociones. Estamos rodeados de personas de todo tipo, cada una nos transmite diferentes energías y sensaciones. Hay personas que nos facilitan el mundo, que nos dan lo que necesitamos, que están ahí cuando nos parte un rayo. Estas personas hacen que todo sea más fácil, nos dan seguridad y estabilidad, apoyo y comprensión, nos dan esas cosas básicas necesarias para el funcionamiento de nuestro bienestar. Pero hay personas que van más allá, personas que consiguen inspirarnos, influir en nuestros sentimientos y pensamientos, hacer de la complicidad una rutina, del deseo una realidad, de nuestra actitud un homenaje a la vida. Estas personas tienen la capacidad de mostrarnos nuestra mejor versión, nos recuerdan cada día como vivir con pasión, como entregarnos en cada acción, nos hacen sentir vivos, hambrientos de nuevas experiencias, nos hacen estar dispuestos a dar más. Es decir, consiguen impactar en nuestro mundo emocional.

Llevando esta reflexión al mundo de las grandes compañías, se me ocurren dos que todos conocemos, que en mí opinión encajan a la perfección con los grupos de personas descritos en líneas anteriores, Microsoft & Apple. Tan parecidas y tan distintas… parecidas en su ambición, en su afán de dominación mundial, en su marcada obsesión por liderar, en su capacidad para abarcar mercados, en su descaro para mirar al futuro y querer cambiarlo. Distintas en sus almas, en esas cosas que no se ven pero se sienten, en sus formas de dirigirse al mundo, en sus principios y sus valores, en sus misiones y visiones, en el fin de sus intenciones, y sobretodo en su manera de generar emociones. Sus parecidos parecen gigantescos pero sus diferencias lo son aún más. Unas diferencias que parecen ser más latentes cada segundo que transcurre, que calan en la mente de los consumidores a velocidad de vértigo, unas diferencias que parecen decididas a mostrarnos que sus similitudes son mera coincidencia y tan sólo cuestión de tiempo. Continuar leyendo “El impacto de generar emociones”

David & Goliat, señalando el camino

De niño hubo una historia que caló en mí con una intensidad peculiar, la batalla de David & Goliat. Quizás el hecho de crecer siendo curso tras curso de los más bajitos de mi clase, y que mi nombre fuera el mismo que el del talentoso pequeñajo, que con tan sólo honda y piedra en mano, acabó con el gigante que amenazaba a toda la nación de Israel, motivó mi amor y admiración por la historia. Si un hombre tan pequeño como resaltaban los libros, con una simple piedra había derrotado a un gigante… entonces, qué no podría conseguir yo?. La historia me había demostrado que se podía soñar, que no había nada imposible. Lo único que tenía que hacer era no olvidarlo, y lo más difícil… aprender que a veces no se gana, que a veces fallamos en el lanzamiento de la piedra y nos toca perder. Aprender que el fallo no es negativo, que muy a menudo es necesario para poder ganar más tarde. El otro día oía a alguien decir que el fallo es el nuevo acierto, me pareció interesante. Cuando fallas y analizas el porqué, estás acertando, estás más cerca del objetivo. Fallar o perder siendo consciente de lo que pasó es un gran paso adelante.

Hoy en día soñar se ha convertido en toda una odisea, nuestro lado más pragmático se ha apoderado de nosotros. La crisis, los recortes, la prima de riesgo, la educación precaria, la amenaza a la salud pública, el poco talento y dinamismo político… un muro interminable de amenazas que atenazan y desvanecen nuestras fantasías. Algunas personas buscan el privilegio de sacar la cabeza del agua y permitirse soñar, aun cuando las circunstancias señalan en dirección opuesta. Por qué no? soñar con crecer, con emprender pese a las dificultades, mirar sin complejo hacia los objetivos deseados, sentir que es posible conseguir grandes metas sin grandes recursos o soñar con lanzarnos por nuestro proyecto con la ilusión del que quiere escribir su propio guión. Aplaudo con admiración a los que se permiten soñar. Soñar no significa lograr objetivos, lo sé, pero es una forma de dejarle claro a esos objetivos que lucharás por ellos, es una forma de calar tus propios huesos de la persistencia necesaria para emprender el camino. Y además, sigue siendo gratis, así que aprovechemos ahora para soñar, ya que no creo que tarden mucho en ponernos el impuesto por sueño proyectado. Continuar leyendo “David & Goliat, señalando el camino”