El intercambio

Vivimos en un mundo repleto de leyes, algunas de ellas quedan escritas para disgusto de la anarquía y sus secuaces, leyes en forma de códigos civiles, penales, sociales, morales e incluso religiosos para los más creyentes. Otras de ellas se encargan de recordarnos lo pequeños, frágiles e insignificantes que podemos llegar a ser para el universo, leyes físicas como la gravedad, la inercia o la ley termodinámica, leyes que rigen el mundo y están totalmente fuera de nuestro alcance y control. Y no me puedo olvidar de esas leyes que no están escritas en lugar alguno y pese a ello, marcan nuestro comportamiento día a día, leyes éticas, de aprobación social, de convivencia, de respeto, de complicidad, de actitud… Un inagotable número de leyes no escritas que podemos seguir o ignorar, es exclusiva decisión de cada uno de nosotros posicionarnos en torno a ellas, eso sí, más tarde el tiempo se encargará de juzgarnos (tal vez en algunos casos la condena por infracción sea bastante peor que la que dictan las leyes escritas).

Una de estas leyes no escritas que más llama mi atención es la del intercambio, se trata de una ley silenciosa y sutil, apenas hace ruido, puede incluso parecer que no está en nuestras vidas, pero está ahí constantemente y es claramente determinante, actúa como esos grifos que damos por cerrados pero siguen goteando pausada e incesantemente. La vida es puro intercambio, no me malinterpretéis, no hablo de grosero materialismo ni de mezquino interés, el intercambio no tiene porque estar ligado a ellos, se puede intercambiar dulzura, respeto, implicación, comprensión, trabajo duro, talento, mimos, liderazgo, amor o cualquier cosa que pueda ser entregada aunque sea de forma intangible. En el trabajo, en la amistad, en la familia, en la pareja… en cada ámbito de la vida que supone contacto entre personas, lo que intercambiamos es lo que define el nivel que alcanzará la relación (salvo escasas excepciones, que desconozco). De ahí que las preguntas sean bien sencillas, Ofrecemos algo? O vivimos de la caridad?…

Acostumbramos a pensar que cuando el tiempo se ha instalado en las relaciones, podemos vivir de la caridad, como si ya hubiésemos ofrecido todo lo que había que ofrecer y pudiéramos vivir de rentas, como si ya hubiéramos remado suficiente y ahora nos tocara dejarnos llevar por la inercia de la barca, como si hubiésemos ganado una pulsera de todo incluido para el resto de nuestra vida y no tuviéramos que volver a ponernos el mono de trabajo jamás. Pero no es así, cuando dejas de aportar, te conviertes en un poco mas prescindible progresivamente y corres el riesgo de quedarte sin trozo de tarta. No importa cuantos puntos hiciste en el pasado, lo importante que fuiste, cuanto entregaste o te sacrificaste, los conflictos que resolviste, las veces que estuviste ahí cuando te necesitaban, tampoco importa lo que conseguiste hacer sentir, la seguridad que diste o la serenidad que transmitiste. Nada de eso importa porque la ley del intercambio sólo nos juzga por el presente, tiene memoria, pero muy corta, no necesita mucho tiempo para olvidar lo que fue ayer y recodar lo que no es hoy.

Cuando apostamos por ofrecer algo, tratamos de ser importantes en nuestro trabajo, tratamos de estar implicados, de mantener el hambre aunque a veces haya que esforzarse, de ser siempre una suma y pocas veces una resta, tratamos de actuar con responsabilidad, de querer crecer… Cuando apostamos por vivir de la caridad, lo único que impide que estemos en la calle es que nuestro jefe no quiera pagar un despido demasiado caro.

Cuando apostamos por ofrecer algo, intentamos hacer sentir a nuestra pareja que jamás estará sola, intentamos mantener esas cosas que la hacen sentir valorada, que le hacen recordar cada día que fue una gran decisión elegirnos, intentamos hacer su vida mejor a cada instante que encontramos la oportunidad… Cuando apostamos por vivir de la caridad lo único que impide que tu pareja te deje es el miedo o la pereza que le genera volver a empezar.

Cuando apostamos por ofrecer algo, entregamos tiempo que no tenemos a nuestros amigos, posponemos temas importantes de nuestros días para ellos, no vacilamos cuando sabemos que nos necesitan, intentamos hacerles saber que si caen estaremos ahí… Cuando apostamos por vivir de la caridad lo único que impide que tus amigos desaparezcan es que les sirves como maniquí para no tomar una cerveza solos (tal vez así les funciones como puente para conocer nuevos amigos).

Cuando apostamos por ofrecer algo, aplicamos respeto y somos flexibles con nuestra familia (se que aveces puede ser una difícil tarea), les decimos que aunque estemos lejos seremos un pilar en el que se puedan apoyar, les aseguramos que el tiempo no creará erosión en nuestra relación, que cuando levanten la mirada nos encontrarán dispuestos… Cuando apostamos por vivir de la caridad lo único que impide que nuestra familia quite nuestra foto del libro familiar es la recurrente frase: “Que vamos a hacer? es lo que nos ha tocado”.

Ponte a ofrecer cosas pronto o ponte a rezar.

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2 comentarios sobre “El intercambio

  1. Buenas , lluviosas y agradables tardes, David.
    Muy interesante y nutritivo el asunto que has tratado, y me viene a la mente está frase
    Que haría el maestro sin alumnos ??
    Creo que se moriria y eso es lo que nos pasa sí nos aletargsmos y no cogemos las riendas de nuestras vidas, que poco a poco se nos muere el ALMA……..

    Te envio un gran abrazo y muchas gracias por tus palabras y tiempo que para mi son una fuente de AMOR….

  2. Buenas tardes Juan Antonio (no tan lluviosas como ayer). Si, supongo que debemos saber que podemos ofrecer a los demás en cualquier ámbito, las relaciones deben ser una vía de dos carriles, tu me haces, yo te hago; tu estás, yo estoy… cuando el maestro está pero los alumnos no acuden, la ecuación carece de todo sentido. Gracias por tu implicación, seguimos debatiendo por aquí…

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