Sigue buscando…

Wheres Wally  1Alguien me preguntaba un día si somos o nos hacemos. Me preguntaba si éramos un producto desarrollado por nuestra infancia, por nuestros padres, nuestro entorno, nuestras experiencias, nuestros aprendizajes… o si en cambio éramos puro ADN, éramos lo que estaba escrito antes incluso de poder ser pulidos por nuestro tutores, si nacíamos con un ser innato como código de barras, si nuestra personalidad ya llevaba sello al nacer… Creo que en su día no respondí, así que aprovecho y le respondo también a él hoy.

Yo creo que somos incluso antes de nacer, por lo menos lo más básico, nuestra esencia. Pienso que nacemos con cualidades, tendencias y directrices propias, congénitas. Estoy convencido de que cada uno de nosotros viene al mundo con unas características inherentes en forma de don, características que marcan el camino que deberíamos seguir en la vida, nuestros estudios, el trabajo que realizamos, las amistades que elegimos, nuestras aficiones y pasiones, esa pareja que potencia lo que somos… Irremediablemente, todo este ser innato se va difuminando en muchos casos, la educación, los prejuicios, los temores, las exigencias del camino, lo que los demás esperan de nosotros, lo que nosotros queremos demostrar a los demás, lo que se supone que es bueno para nuestra vida, las leyes sociales no escritas, los altibajos del entorno… una batería de cohetes que termina tapando y alejándonos de quien realmente somos. Cuando esto pasa, todo atisbo de armonía desaparece. Sin darnos cuenta nos vemos haciendo una labor diaria que no nos motiva, una labor que nos desgasta instante a instante; nos vemos compartiendo nuestro valioso tiempo con personas que no hablan nuestro lenguaje, con personas que no nos hacen sentir especiales; nos vemos sin energía y pasión para disfrutar de lo cotidiano, sin chispa en los ojos, sangre en la venas; nos vemos poniendo bases erróneas para formar una familia, para elegir nuestro compañer@ de viaje… y  todo esto acaba desembocando en una sólo cosa, mala vida. Continuar leyendo “Sigue buscando…”

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Te atreves a soñar?

DreamEl de hoy, será el último post de este año 2012. Esta próxima semana voy a permitirme el privilegio de desconectar, no sólo de mi día a día laboral, también de cualquier acción que suponga un mínimo esfuerzo para mis neuronas. Nos volveremos a ver por aquí, el día 4 de Enero, 2013. Felices fiestas, navidad, año nuevo… Y sobretodo, disfrutad todo lo que podáis.

Estamos en fechas de magia, sueños y nuevos propósitos. Y ha sido justo ésto lo que ha motivado lo que escribo hoy. Todos tenemos un pequeño tesoro oculto en nuestro interior, aunque algunos lo ignoremos… Los que me conocen saben que hay mucho de soñador en mí, el tiempo y la experiencia me han hecho aprender a mantener los pies en contacto con la tierra, también a ser paciente ante el fervor de mis deseos, pero no han conseguido que deje de soñar, que mi vida siga sujeta a realizar mis sueños, a realizar lo que soy innatamente… Y espero que así siga siempre siendo.

Otras veces lo he comentado, y lo vuelvo a hacer… La vida es aquí y ahora. Un día llegará a su fin, no somos de azúcar como creímos ser de niños, somos carne y hueso con fecha de caducidad (lo siento por el dramatismo, pero es lo que hay). Y está es la principal razón por la que no hay excusa en tratar de lograr nuestros sueños, en tratar de ser lo que arde en nuestro ser, pidiendo paso, en tratar de descubrir ese tesoro que espera ser por fin hallado en nuestro interior. No importa la edad que tengas, las decepciones que sufriste, lo conformista que te volviste… Nunca es tarde para empezar a acercarte a ti mismo, para empezar a parecerte a la persona que en realidad debes ser.

Tenemos una oportunidad para vivir, sólo una, qué sentido tiene no intentar tocar el cielo con los dedos?. Eso sí, tengamos claro que el camino no siempre será maravilloso, habrá momentos duros, pero no hay que asustarse… Leí recién algo que me pareció muy cierto, decía algo así: Creo que somos quien elegimos ser; nadie va a venir a salvarte, tendrás que salvarte tú mismo; nadie va a venir a regalarte nada, tendrás que salir y luchar por ello; nadie sabe mejor que tú lo que quieres y nadie lo lamentará tanto como tú si no lo consigues; Nunca te rindas por tus sueñosContinuar leyendo “Te atreves a soñar?”

La receta de mi abuela: Entusiasmo al pil pil

AbuelaMi abuela solía argumentarme siempre con un mismo principio básico. Ante cada desánimo, apatía o frustración que sufría, ante cada dificultad, caída o obstáculo que me encontraba… “David, pase lo que pase nunca pierdas el entusiasmo, mientras así sea, los malos momentos siempre serán meros pasajeros de un tren que brilla con luz propia”. Mi abuela conocía un principio de un valor incalculable, un principio que debería ser la biga de cada individuo, familia o empresa. El entusiasmo no es genético. No es “lo que te pasa”, es “cómo reaccionas ante lo que te pasa”, y esta forma de reaccionar la decidimos nosotros a cada segundo de nuestra vida, nadie más, sólo nosotros.

Mi gran amigo Vivi es un fanático del optimismo y el entusiasmo, hace años me mandó algo que me impactó, bien podría haber sido escrito por mi abuela, pero no era el caso, era una carta escrita por Luca Cordero di Montezemolo, presidente de Ferrari.

La carta se la dan a todos los empleados, desde el mas alto puesto hasta el menos pagado, todos por igual. La carta dice esto:

“Puedes hacer cualquier cosa que te propongas si tienes entusiasmo.

El entusiasmo es la levadura que logra que tus esperanzas alcancen las estrellas.

El entusiasmo es el brillo en tus ojos,

es el balanceo en tu caminar,

es apretar el puño con fuerza, es la irresistible oleada de tu voluntad,

es la energía que ejecuta tus ideas.

Los entusiastas son luchadores.

Tienen fortaleza, tienes cualidades que siempre permanecen.

El entusiasmo es la base de todo progreso.

Con él, hay logro.

Sin él, sólo hay excusas.”

Luca Cordero di Montezemolo Continuar leyendo “La receta de mi abuela: Entusiasmo al pil pil”

La suerte

Los hay que culpan a la fortuna por todas sus desgracias o tropiezos, por cada perdida que sufren, por todo aquello que no consiguen realizar o todo aquello que llega a su vida en silueta de frustración, como si estuvieran malditos por algún poder divino, que espera agazapado cada movimiento que hacemos para impedir que tengamos éxito o para forzar que la cosas de nuestro alrededor nunca nos dediquen una cálida sonrisa… También los hay que desprecian al azar, aseguran que todo depende de ellos mismos, que la suerte no existe, que ellos tienen la totalidad del control a cada paso que dan o del destino que construye la vida instante a instante, como si hubieran sido obsequiados con dones sobrehumanos capaces de adelantarse a los designios de lo imprevisible, a las aleatorias decisiones y deseos de las personas o a los caprichos que la vida ejecuta sin pedirnos permiso, ni siquiera opinión…

Vivir pensando que no levantamos cabeza y que nada nos sale por mala suerte, o pensar que hemos sido señalados como el archienemigo del dios fortuna (por cierto, no somos tan importantes para tan destacado papel), es tan fantasioso y nocivo como puede serlo intentar salir de la estratosfera montado en una paloma, poco probable que la misión se complete. Afrontar la vida con esta filosofía es el sinónimo de responsabilidad cero, todo queda justificado con un “tengo mala suerte” o con un “la vida nunca me acompaña”. Con esta filosofía nada es tu culpa, cuando decepcionas o fallas a alguien e incluso a ti mismo, el culpable no eres tu, es la mala suerte; cuando no consigues darle la vuelta a una situación complicada, tu no puedes hacer más, los astros se han alineado de tal manera que hacen imposible salir de ahí; cuando no consigues tus objetivos, “que voy a hacer? algunos nacen con estrella y otros nacemos estrellados”. Con esta filosofía se es una víctima permanente. No hay lugar a la reflexión, no caben autocríticas, ni la posibilidad de aceptar que nos hemos equivocado. Tu siempre lo haces bien pero el universo te desafía constantemente a un duelo que siempre tiene un perdedor, tú. Continuar leyendo “La suerte”

El intercambio

Vivimos en un mundo repleto de leyes, algunas de ellas quedan escritas para disgusto de la anarquía y sus secuaces, leyes en forma de códigos civiles, penales, sociales, morales e incluso religiosos para los más creyentes. Otras de ellas se encargan de recordarnos lo pequeños, frágiles e insignificantes que podemos llegar a ser para el universo, leyes físicas como la gravedad, la inercia o la ley termodinámica, leyes que rigen el mundo y están totalmente fuera de nuestro alcance y control. Y no me puedo olvidar de esas leyes que no están escritas en lugar alguno y pese a ello, marcan nuestro comportamiento día a día, leyes éticas, de aprobación social, de convivencia, de respeto, de complicidad, de actitud… Un inagotable número de leyes no escritas que podemos seguir o ignorar, es exclusiva decisión de cada uno de nosotros posicionarnos en torno a ellas, eso sí, más tarde el tiempo se encargará de juzgarnos (tal vez en algunos casos la condena por infracción sea bastante peor que la que dictan las leyes escritas).

Una de estas leyes no escritas que más llama mi atención es la del intercambio, se trata de una ley silenciosa y sutil, apenas hace ruido, puede incluso parecer que no está en nuestras vidas, pero está ahí constantemente y es claramente determinante, actúa como esos grifos que damos por cerrados pero siguen goteando pausada e incesantemente. La vida es puro intercambio, no me malinterpretéis, no hablo de grosero materialismo ni de mezquino interés, el intercambio no tiene porque estar ligado a ellos, se puede intercambiar dulzura, respeto, implicación, comprensión, trabajo duro, talento, mimos, liderazgo, amor o cualquier cosa que pueda ser entregada aunque sea de forma intangible. En el trabajo, en la amistad, en la familia, en la pareja… en cada ámbito de la vida que supone contacto entre personas, lo que intercambiamos es lo que define el nivel que alcanzará la relación (salvo escasas excepciones, que desconozco). De ahí que las preguntas sean bien sencillas, Ofrecemos algo? O vivimos de la caridad?… Continuar leyendo “El intercambio”

Fallar para vivir

“No pierdes nada por intentarlo”, “El no ya lo tienes”, “lo único que puede pasar es que te quedes igual que estabas”. Estas frases son más que recurrentes en la jerga global española. Nos encanta usarlas, nos resulta muy fácil darlas como consejo cuando alguien nos lo pide, pero muy difícil cogerlas cuando alguien nos lo da. Si estas afirmaciones fueran ciertas, no habría consejos que reclamar o entregar, todos intentaríamos conseguir todo lo que anhelamos sin ningún tipo de inconveniente, pero no lo son. Es por ello que no es tan sencillo lanzarse por lo que queremos, porque cuando lo hacemos tenemos cosas que perder, y aunque también que ganar, parecemos enganchados a valorar más lo que podemos perder que lo que podemos ganar, incluso cuando sentimos con certeza que ese cambio podría significar el comienzo de algo maravilloso. Así lo veo yo:

No pierdo nada por intentarlo? Si, si que pierdo cuando lo intento y fallo. Pierdo la lucidez de tener un objetivo definido que apunta el camino a seguir, la motivación de un día a día sujeto a la posibilidad de que se haga realidad, la fuerza que te da mirar a ese objetivo cada día y susurrarle que algún día estarás junto él, la confianza que queda cubierta de dudas en forma de mil preguntas; donde lo hice mal?, no estaba preparado?, me precipite? no soy lo suficientemente bueno?, me ha faltado realismo?, me ha engañado mi propia intuición?…

El no ya lo tengo? No, no lo tengo. Tengo una bonita incógnita en la que descansan mis ilusiones, una incógnita muy valiosa que sirve de cuenta cuentos para todas aquellas noches que se sublevan contra mi armonía, para todos aquellos días carentes de cualquier tipo de sentido, una incógnita que no juzga mis errores o carencias, ni lo hará jamás. Una incógnita que me cuenta justo lo que yo quiero oír y nunca me traicionará…

Por lo tanto, el no, no me dejaría igual que estaba, ni siquiera parecido a mi estado anterior. Sí me deja con las manos igual de vacías pero con la mente mucho más perdida, el corazón pidiendo silla de ruedas, el ánimo buscando coartada para creer una vez más y el sistema operativo suplicando que pulsemos “reset” para poder volver a empezar… Continuar leyendo “Fallar para vivir”

Pasión en los ojos

Me voy a apoyar en dos pequeños relatos para contar el artículo de esta semana. Ambos ocurrieron recientemente:

Era un Martes por la mañana, andaba algo desmotivado, cada diseño que hacía me parecía incompleto, me generaba dudas… habría tirado y vuelto a hacer el trabajo un bucle infinito de veces, pero no lo hice. Cogí lo que tenía hecho y me marché al proveedor que se iba a encargar del trabajo. Les presenté y expliqué la idea, creo que al menos conseguí hacerlo sin transmitirles mis dudas y falta de convicción. Sorprendentemente para mí, les encantó (o eso pareció). Comenzaron a sugerir con cierta vehemencia y complicidad cosas que podrían mejorar el concepto, la situación se convirtió en un pequeño y animado debate alrededor de la idea. Lo hacían dándole vida a la situación, dándole importancia al momento y a la acción, con entusiasmo, con optimismo y determinación. Lo hacían con pasión. No pude evitar contagiarme, la dinámica entusiasta se apoderó de mí. De repente ahí estaba yo, hablando con la misma pasión sobre mi “gran” diseño, el mismo que veinte minutos antes parecía pedirme ser lanzado por el retrete. Nada del diseño había cambiado, pero yo lo percibía totalmente distinto. Donde antes veía dudas, ahora veía acierto; donde antes veía confusión, ahora veía claridad. Desmotivado? ya no lo estaba. La pasión con la que me habían agasajado, la pasión con la que se habían comunicado, había conseguido que me marchara de allí creyendo en mi trabajo. Y algo más importante, había conseguido enseñarme que puedes contar con las mejores ideas, con los mejores profesionales, los mejores métodos o herramientas, pero si no hay pasión… esos factores son totalmente estériles. Continuar leyendo “Pasión en los ojos”