La suerte

Los hay que culpan a la fortuna por todas sus desgracias o tropiezos, por cada perdida que sufren, por todo aquello que no consiguen realizar o todo aquello que llega a su vida en silueta de frustración, como si estuvieran malditos por algún poder divino, que espera agazapado cada movimiento que hacemos para impedir que tengamos éxito o para forzar que la cosas de nuestro alrededor nunca nos dediquen una cálida sonrisa… También los hay que desprecian al azar, aseguran que todo depende de ellos mismos, que la suerte no existe, que ellos tienen la totalidad del control a cada paso que dan o del destino que construye la vida instante a instante, como si hubieran sido obsequiados con dones sobrehumanos capaces de adelantarse a los designios de lo imprevisible, a las aleatorias decisiones y deseos de las personas o a los caprichos que la vida ejecuta sin pedirnos permiso, ni siquiera opinión…

Vivir pensando que no levantamos cabeza y que nada nos sale por mala suerte, o pensar que hemos sido señalados como el archienemigo del dios fortuna (por cierto, no somos tan importantes para tan destacado papel), es tan fantasioso y nocivo como puede serlo intentar salir de la estratosfera montado en una paloma, poco probable que la misión se complete. Afrontar la vida con esta filosofía es el sinónimo de responsabilidad cero, todo queda justificado con un “tengo mala suerte” o con un “la vida nunca me acompaña”. Con esta filosofía nada es tu culpa, cuando decepcionas o fallas a alguien e incluso a ti mismo, el culpable no eres tu, es la mala suerte; cuando no consigues darle la vuelta a una situación complicada, tu no puedes hacer más, los astros se han alineado de tal manera que hacen imposible salir de ahí; cuando no consigues tus objetivos, “que voy a hacer? algunos nacen con estrella y otros nacemos estrellados”. Con esta filosofía se es una víctima permanente. No hay lugar a la reflexión, no caben autocríticas, ni la posibilidad de aceptar que nos hemos equivocado. Tu siempre lo haces bien pero el universo te desafía constantemente a un duelo que siempre tiene un perdedor, tú. Continuar leyendo “La suerte”

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