Pasión en los ojos

Me voy a apoyar en dos pequeños relatos para contar el artículo de esta semana. Ambos ocurrieron recientemente:

Era un Martes por la mañana, andaba algo desmotivado, cada diseño que hacía me parecía incompleto, me generaba dudas… habría tirado y vuelto a hacer el trabajo un bucle infinito de veces, pero no lo hice. Cogí lo que tenía hecho y me marché al proveedor que se iba a encargar del trabajo. Les presenté y expliqué la idea, creo que al menos conseguí hacerlo sin transmitirles mis dudas y falta de convicción. Sorprendentemente para mí, les encantó (o eso pareció). Comenzaron a sugerir con cierta vehemencia y complicidad cosas que podrían mejorar el concepto, la situación se convirtió en un pequeño y animado debate alrededor de la idea. Lo hacían dándole vida a la situación, dándole importancia al momento y a la acción, con entusiasmo, con optimismo y determinación. Lo hacían con pasión. No pude evitar contagiarme, la dinámica entusiasta se apoderó de mí. De repente ahí estaba yo, hablando con la misma pasión sobre mi “gran” diseño, el mismo que veinte minutos antes parecía pedirme ser lanzado por el retrete. Nada del diseño había cambiado, pero yo lo percibía totalmente distinto. Donde antes veía dudas, ahora veía acierto; donde antes veía confusión, ahora veía claridad. Desmotivado? ya no lo estaba. La pasión con la que me habían agasajado, la pasión con la que se habían comunicado, había conseguido que me marchara de allí creyendo en mi trabajo. Y algo más importante, había conseguido enseñarme que puedes contar con las mejores ideas, con los mejores profesionales, los mejores métodos o herramientas, pero si no hay pasión… esos factores son totalmente estériles. Continuar leyendo “Pasión en los ojos”

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All blacks, el poder de ser un equipo

El líder camina hacia sus compañeros. Su paso es firme, puedes sentir su confianza, se siente especial, su orgullo destaca, se encuentra fuerte y no tiene miedo. No oye a su alrededor, nada existe, sólo la responsabilidad de liderar a su grupo. Observa a cada hombre de su equipo, su mirada es fría pero cercana, resulta fácil de admirar. Una vez junto a ellos, alza su voz con firmeza. Cada miembro del equipo escucha las palabras de su líder, el mundo se ha parado para ellos, su concentración es incuestionable, su nivel de tensión llama la atención, aprietan los puños con fuerza, sus brazos están tan tensos que se puede apreciar como tiemblan. Están deseosos de entrar en acción. Sus gestos faciales son intimidantes, desafiantes. Parecen poseídos por un espíritu maorí ancestral.

Sus rivales forman una linea horizontal frente a ellos, tímidamente permanecen abrazados, algunos de ellos cesan en el abrazo al compañero. Se sienten incómodos, quizás débiles. Se puede ver en sus ojos respeto, asombro y admiración. Parecen maravillados, casi hipnotizados. La demostración de fortaleza de los All blacks es tan contundente que cualquier equipo que haya enfrente debe perder la confianza por unos instantes. Es tal su armonía, complicidad y osadía en el ritual, que los rivales empiezan el partido sintiéndose menos equipo que cuando iban de camino al estadio. Ellos en cambio lo empiezan sintiéndose más que un equipo, lo empiezan sintiéndose un único ser con un único objetivo, la victoria. Continuar leyendo “All blacks, el poder de ser un equipo”