Seducción, la herramienta clave

Embargar o cautivar el ánimo, engañar con arte y maña, persuadir suavemente… Son algunos de los términos usados por la Real Academia Española para explicar el verbo seducir. Personalmente no me convencen del todo estas definiciones, las veo algo incompletas para explicar un concepto que tiene la capacidad de calar en los sentimientos humanos de manera bestial, un concepto capaz de cambiar el acontecimiento de cualquier historia, incluso de aquellas que ya parecen escritas o designadas, capaz de crear oportunidades ante los objetivos más complejos o de hacer emerger el deseo desde la más completa indiferencia.

Qué decir de su peso cuando hacemos referencia al marketing o la publicidad… La seducción no sólo no puede faltar cuando hablamos de estas artes, sino que es el base intangible en la que deben apoyarse. Al final todo se resume a hacer sentir, a conseguir motivar, a generar conexiones emocionales… Y la seducción (siempre sana) es un transporte directo para conseguir estos puntos.

Realmente no creo que haya  mucha diferencia entre una seducción para fines personales, sociales o profesionales. Conquistar a una persona, a un auditorio durante tu ponencia o a los consumidores de la marca que te ha contratado para una campaña creativa, es básicamente idéntico. Cambia el decorado, pero los actores son los mismos. Destacaría cinco puntos cuando se trata de seducir, cinco puntos en los que yo creo y trato de aplicar, especialmente en mi faceta profesional. Son los siguientes: Continuar leyendo “Seducción, la herramienta clave”

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